Estar con ella es como ir en avión, sentir la velocidad del momento y los nervios del despegue, y todo al estar simplemente junto a una persona.Un vuelo en el que me paro frente a una azafata que me mira con ojos de caramelo, pero no, no es ella, así que miro al piloto, si a ese subnormal, londinense tonto. Me dan ganas de decirle:
-¡Ey! How are you, baby? No he entendido tres cojones de lo que me has dicho antes, así que si nos hubiésemos estrellado, no me habría puesto la mascarilla por dos razones una porque no he entendido nada de lo que la modelo-azafata ha escenificado, culpa de la camisa tan ajustada, y porque estaría demasiado ocupado en intentar hacer feliz a la chavala con la que estoy. Así que metete tu inglés por el culo, y procura hacer mensajes más bonitos, cariñosos, filosóficos o como quieras para que la gente confíe en ti. Feliz viaje de vuelta.
Pero no lo hago. Sonrío cuando paso por su lado, y el piloto se sacude la chaqueta. Típico de hola-soy-super-mega-guay-atraigo-a-las-mujeres-con-mi-traje-y-tu-eres-un-pringado-que-estas-buscando-lo-imposible.
Pum. Hostia. Pero no, ella se encarga de deshacer cualquier pensamiento de ira en mi mente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Corazones rotos