martes, 27 de agosto de 2013

70.

Cuatro horas. Si, cuatro horas hablando con una chavala a la que acabo de conocer. Cualquiera que lea esto, puede pensar que estoy ligando…pero no. Sólo estoy feliz, contento, pletórico…vete tu a saber cuantos adjetivos más. El caso es que llevo aquí cuatro horas con ella, y me siento como nunca me había sentido antes. El tiempo, no es nada, en relación al tiempo que llevo jodido, esperando a que apareciese alguien así, alguien a quien contarle mis cosas, y aunque tenga dieciocho años,  y unas cuantas cicatrices en el corazón… esta chavala me ha animado a seguir luchando por lo que quiero si, es increíble. Un espíritu maduro  encerrado en un cuerpo aparentemente joven. Pero me cae bien, es simpática, amable, ¡y ha llorado conmigo! Y eso, que no me gusta hacer llorar a las mujeres.
Estar con ella es como ir en avión, sentir la velocidad del momento y los nervios del despegue, y todo al estar simplemente junto a una persona.
Un vuelo en el que me paro frente a una azafata que me mira con ojos de caramelo, pero no, no es ella, así que miro al piloto, si a ese subnormal, londinense  tonto. Me dan ganas de decirle:
-¡Ey! How are you, baby? No he entendido tres cojones de lo que me has dicho antes, así que si nos hubiésemos estrellado, no me habría puesto la mascarilla por dos razones una porque no he entendido nada de lo que la modelo-azafata ha escenificado, culpa de la camisa tan ajustada, y porque estaría demasiado ocupado en intentar hacer feliz a la chavala con la que estoy. Así que metete tu inglés por el culo, y procura hacer mensajes más bonitos, cariñosos, filosóficos o como quieras para que la gente confíe en ti. Feliz viaje de vuelta.
Pero no lo hago. Sonrío cuando paso por su lado, y el piloto se sacude la chaqueta. Típico de hola-soy-super-mega-guay-atraigo-a-las-mujeres-con-mi-traje-y-tu-eres-un-pringado-que-estas-buscando-lo-imposible.
Pum. Hostia. Pero no, ella se encarga de deshacer cualquier pensamiento de ira en mi mente.

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Corazones rotos