jueves, 17 de noviembre de 2011

56.

Qué triste es no poder decir adiós.

Esta mañana el azul del cielo me parece insultante, como un grupo de amigos que se ríen mientras tú, al otro lado de la calle esperas poder olvidar e ir con ellos, dejar que los pensamientos se vayan, pero sabes que no serán los últimos.
Hay veces que las cosas ocurren tan deprisa,cambian tan rápido que no eres capaz de decir cuándo se fue todo al garete. A veces te pillan por sorpresa, te ahorran muchos quebraderos de cabeza pero te lleva a pensar, ¿qué he hecho yo? (o qué no he hecho) y acabas justo como no querías empezar.
Siempre he pensado que cada persona es un náufrago perdido en mitad del mar, sólo tiene una tabla a la que agarrarse, si esa tabla un día desaparece, nosotros nos hundiremos y necesitaremos encontrar otro apoyo rápido, antes de que la marea nos lleve, pero hay veces que cierras los ojos y no quieres encontrar nada más, como un niño pequeño te niegas a querer otra cosa, a necesitar algo que no sea lo que te ha acompañado durante tanto tiempo, y yo la necesito a ella, echo de menos ser lo que era cuando estábamos juntas.
Es inevitable que quizás de repente un día te des cuenta de que esa tabla, ese apoyo, hace tiempo que ya no está a tu lado. Y se acabó.
Pero con una mente en blanco y un corazón que ya no reacciona, poco se puede hacer. Aunque sigo pensando que las mejores cartas, deben echarse por el camino. No deberíamos esperar a que llegue el miedo a perder a una persona para darle, para decirle todo aquello que sentimos, todo lo que se merece oír.
Te paras a pensar en el tiempo, cómo todo ha dado la vuelta, en un principio yo no sentía nada; progresivamente, quizás a causa del tiempo más que de otra cosa, mi necesidad de ella fue disminuyendo incluso convirtiéndose el olvido en odio y justo cuando estuvimos de acuerdo, cuando llegamos ambas a un punto sensato de querer poder al menos saber lo mínimo la una de la otra, llegar a un equilibrio, fuimos felices, o por lo menos ella lo es.
Desde entonces mi dependencia no ha ido más que en aumento, sin ella no es lo mismo, yo no soy la misma.
Y ahora que estamos llegando al punto de no recordarnos, parece que volvemos al principio (no a uno cualquiera, más bien al nuestro, tan peculiar).

Ni si quiera han empezado a caer las hojas de los árboles y ya hace un frío inexplicable, un invierno anticipado (prefiero pensar esto... que pensar que eres tú la que me falta, y que ya nunca más estarás aquí). 


Qué triste es no poder decir adiós.

1 comentario:

  1. Pasa por mi blog, te espera un premio. Enhorabuena, un beso :)

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Corazones rotos