lunes, 24 de octubre de 2011

55.

Y es que por arreglar ciertos errores uno daría su vida...

Me quedé en la lluvia, dejando que el pelo y la ropa se mojasen por completo. La hierba bajo mis pies se volvió lisa y fría. Mis ojos parpadearon esquivando las gotas que empezaban a caer. Levanté la cabeza hacia el cielo mientras tus húmedas manos buscaban las mías.

Sonreí cuando comenzamos a girar y bailar en el suelo fangoso. Saltamos en el aire, sintiendo la pesada brisa tan sólo unos segundos. La lluvia empieza a caer más rápido, pero ralentiza nuestro baile. Con la melodía suave que desprenden las hojas sobre los árboles, nuestra danza se desacelera en un vals.

Giré lentamente. Mis ojos llorosos sonríen. Mi cabello fluye como un riachuelo a través de tus dedos. Tus manos me sostienen con firmeza pero son una sutil ternura.

Al poco tiempo, la lluvia se convierte en una suave llovizna, y nuestra danza debe terminar. Acaricias por última vez mis mejillas y te vas. Estoy sola y húmeda en aquel parque donde nos conocimos. El sol sale y pasa a iluminar mis mejillas y secar el último de mis recuerdos. Me dejé caer sobre el suelo mojado, increíblemente feliz.
Porque va a llover de nuevo. Y con la lluvia, voy a creer otra vez.

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Corazones rotos