martes, 1 de marzo de 2011

41.

(Hoy habla Borja)


Que puedo decir, creo que no se me ocurre nada nuevo.
Toda la noche en vela, pensando en ella, que mas se puede decir. Todo esta dicho, y las cartas echadas. Que decir, ¿Qué la quiero?, se presupone. Que decir, ¿Qué la añoro?, también se presupone. Que decir, que estoy seguro…pues es algo que solo descubriré intentándolo, lo único de lo que estoy seguro es que la quiero. Y que si todo lo que he sufrido me ha llevado hasta ella, sufriría todo lo que hiciese falta con tal de no perderla, no, ahora que la conozco, ahora que sé como es, no pienso perderla. Ni aunque estuviera loco.

Estoy feliz, sin motivo aparente, me he despertado a las 12 de la mañana, normal. No he dormido. Ella se ha ocupado de que soñara pero con los ojos bien abiertos.

No paro de escuchar un disco, y la verdad es que no tengo ni la mínima idea de porque lo hago, supongo que me recuerdan a ella, aun que repito, no se porque. Tienen algo que al escucharla pareciera como si su nombre se dibujara en cada nota, en cada objeto que hay en esta habitación, como si al escucharla, sintiera que la tengo detrás, con su barbilla apoyada en mi hombro, y un escalofrío me recorre el cuerpo cuando siento su aliento en mi cuello. Como si al escucharlas, su olor impregnara toda la habitación.

Tenía tantísimas ganas de quedar con ella, no se puede hacer nadie una idea, quería que todos los días a partir de ahora fueran como ayer, aunque no dijésemos nada, quería tenerla bien abrazada y cogida de la mano. No te vayas…le suplicaría. Sálvame de mi mismo, del agujero en el que me hayo, sonríeme, así me aras volar de aquí.

Los nervios del día comenzaron cuando me dijeron que tenían que hablar conmigo, tu mientras tanto, parecías mas contenta de lo normal, utilizando adjetivos cada vez mas cariñosos hacia mi persona. En aquel momento, creo que mi mundo se tiñó de esperanza, por favor, que sea eso, que sea eso. Me repetía una y otra, y otra vez.

Así, me dijeron que sentías algo por mí. Entonces me bloqueé. No se si era un hombre con nervios, o nervios en forma de hombre. Pero tu aun no habías llegado, y la gente empezó a llegar y conforme llegaban se enteraban y me decían tu actua con normalidad tio, como si nada pasase; pero creo que me conocían lo suficiente como para saber que mis nervios se notaban  a kilómetros de distancia. Y así fue, cuando a lo lejos te ví, y entonces fue el peor momento, el momento de la verdad. Pero te veía y no… no podía, no soy tan echado para adelante como me gustaría y como supongo que a ella le gustaría. Pero que se le va a hacer… No soy perfecto.

Te dí dos besos, y en horas, no hablamos nada, no sabía que decirte.
Entonces nos sentamos en el porche de la casa de Mario y nos dejaron solos, lo que me puso aun más nervioso. Tu estabas como flotanto en una nube, delante de mí con mi sudadera que te quedaba tremendamente enorme, bailando y haciendo el ganso, entonces me dabas la espalda, sé que me buscabas aún así, quería darte el placer de encontrarme. Así, me levanté y te abracé.

Hasta horas después, ninguno dijo nada referente a ese tema.
Pero, sabía perfectamente que yo no iba a ser capaz de abrir la boca. Solo podía esperar un milagro. El milagro de que tú, dijeras algo.

3 comentarios:

  1. Una voz para la eternidad...martes, marzo 01, 2011

    Sin palabras.
    Te sabes superar.

    ResponderEliminar
  2. Qué bonitooo....me gusta tu blog, te sigo!!!!
    me encanta como está escrito.... bueno, siempre es genial encontrar gente nueva que comparte un gusto como lo es escribir, al igual que yo :)
    Besos!

    ResponderEliminar

Corazones rotos