lunes, 20 de diciembre de 2010

32.2

Parte 2.

No me hubiera echo falta ni el cielo, ni el sol, ni el atardecer, ni la luna, para que aquella tarde hubiera sido perfecta.

No dejé de pensar que si Borja tuviera un poquito de más arte, todo hubiera sido más perfecto, pero he de reconocer, que si no fuera así, no creo que sintiera lo mismo; Lo que más me atraía de él, era su falta de cariño, su poco entendimiento hacia lo que para él era un mundo nuevo, la mujer.

Pese a los muchos aspectos que me echaban atrás, no podía permitirme olvidarle, tenía algo... algo que no era normal, no era semejante a cualquier otra persona, tenía esa fragancia inquietante, ingeniosa y tan curiosa, que hacía que cada día con el fuera totalmente diferente al otro, y nunca repetía día.


 - Bueno, dime, ¿que hacemos?
+ Pueeees... te da igual, ¿andar?- Le dije sonriendo de oreja a oreja, a lo que respondió con el mismo gesto.
- Voy donde tu quieras - Tenía que reconocer que cuando se ponía de ese modo, de querer cumplir cualquier deseo que rondase por mi mente, me encantaba- y bien, ¿por dónde?
+ Sigueme, cuando vayamos llegando sabrás donde te llevo- y utilicé ese tono de picardía, con el que sonrió y echando una mano hacia delante, me indicó que empezara a andar.

Practicamente me llevé todos los quince minutos del camino hablando yo, a veces cantando, saltando, sonriendo, haciendo tonterías, y su expresión era como de no enterarse de nada de lo que decía, pero el quería que yo siguiera hablando, le gustaba verme feliz, le gustaba reírse cuando me veía tan contenta, parecía como si disfrutase al verme alegre, disfrutaba cuando estábamos juntos.

Le llevé a un centro comercial, a él no le gustaban las compras y a mi tampoco, pero no era por eso por lo que lo llevé, había banquitos y una cafetería, así que, nos pasamos la gran mayoría de la tarde sentados en un banco, donde no se como salté sola y con él, cantamos, y ambos sabíamos que estábamos jugando a ser novios.
Le encantaba abrazarme, y no de esos abrazos que duran cinco segundos y ya esta, sino de esos que no quieres que se acaben, de esos como si lo que tuvieras entre tus brazos lo fuera todo, y no quisieras que le pasase nada. Como si protegiera eso que tenía entre su pecho y sus brazos, como si protegiera lo que mas valor tenía, como si protegiera su vida misma.
 Tantísimas fueron las tonterías que dijimos, tantísimas las que hicimos, pero pasamos un rato inolvidable, en aquel banco.

Mis tripas se oían desde kilómetros de distancia así que fuimos a la cafetería, y me tomé un gofre, calentito, que rebozaba chocolate.

+ No me vayas a mirar comiendo que me da mucha vergüenza, ¡eh!- le dije, aun sabiendo que me iba a mirar de todas formas, y así fue como no paró de mirarme, y mientras el chocolate derramandose por mi barbilla, puesto que no le había mentido, cuando alguien me miraba comiendo, la comida, salía de mi boca por arte de magia y se me caía.
- Jajajajaja, nunca pensé que pudiera ser tan divertido mirarte comer...- le miré de reojo y le dí una torta- ¡Ay! ¿porque me pegas? jajajaja.
+ Por tonto, dejame eh, que no me mires...- y nada, hablarle a él y hablarle a pared tuvieron el mismo efecto, siguió mirándome, y he de reconocer que disfrutaba cuando me miraba con esa admiración.

Le ofrecí lo que quedaba de gofre, no podía más, estaba llenísima y el se comió el par de bocados que quedaban.
Volvimos a su piso, y el camino fue igual que la ida, no paró de reír, no paró de disfrutar, pero yo no me quedé atrás, yo tampoco podía pensar que cuando llegásemos no lo iba a ver en días... se había convertido en alguien importante para mí, y eso que realmente tampoco nos conocíamos tanto, pero me daba por pensar que al ser tan parecidos, creíamos que no nos conocíamos, pero sí, nos conocemos más de lo que parece.

Llegamos a su casa...
- Bueno, una gran tarde, me lo he pasado muy bien tontaina.
+ Ja, ja, ¡já! ¿quieres guerra?- se rió, y le ataqué con unas cosquillas malvadas.
- Jajajaja, eres increíble -dijo sonriendo- ¿Cuando quedaremos otro día?
+ Cuando tu quieras.
-Por mí, no te dejaría ir.
+ Mira que eres eh, anda callate ya y sube a tu casa
- Anda, mira que bien, ahora ¿me echas?
+ Jajajaja, sabes que no.

Se acercó, me miró, sonrió, me agarró, me empujo contra él y me abrazó.
Me besó en la cabeza.
- Luego hablamos...- dijo casi susurrando- Adiós.
Se dio media vuelta y lo vi irse escalera arriba, no dudó en girarse, mirarme una ultima vez, y continuar con el adiós.

2 comentarios:

  1. Cagüen dié T.T Me recuerda muchas cosas que no quiero recordar u.u Pero aun asi, es precioso

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  2. una historia interesante seguro k cada dia con ese chico seria diferente XD mola como relatas un solo dia como si de lo poco k an echo fuera algo mas especial de lo k es,
    me encanta sige acin :)

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Corazones rotos