sábado, 18 de diciembre de 2010

32.

(Hoy habla África)

- Ya es de día - Pensé, me tenía que levantar para ir a clase, hoy era viernes y la cosa cambiaba.

Me vestí, desayuné, me cargué la mochila a la espalda y salí de mi casa con una sonrisa de oreja a oreja, hoy era viernes, no paraba de repetírmelo una y otra... y otra vez.

Hoy saldría con Borja, como cada viernes, como cada fin de semana, hacía ya 1 semana que no lo veía, y necesitaba ese éxtasis de locuras al que llegábamos cuando estábamos juntos.

Pasaron seis horas interminables, mi cabeza solo podía estar en un sitio, y en las explicaciones del profesor te puedo asegurar que no estaba.
Estaba pensando en él, en que podríamos hacer, para cambiar 1 poco de un parque a algo menos rutinario.

Seguía en el mundo Borja, cuando de un golpe salí botando de él.

+ ¡África! - Me estaban gritando.
- Que, que, ¡que!
+ Que ya ha terminado la clase.
- Ah, vale, pues ¿ahora que nos toca?
+ Estas "tó loca eh".
- ¿Ahora porqué? ¿Que he echo?
+ Esta era la ultima hora, ya a casa ¡a comeeeeeeeeeeeeeeer! - Me encantaba mi compañera cuando se iluminaba al hablar de la comida.

Recogimos y nos fuimos; Raro fue que llegara a mi casa sana y salva, aun seguía pensando en él por el camino y me costó un par de tropezones, pero llegué.

En mi casa todo transcurrió lentamente y rutinariamente.
La comida ese día ni me supo de lo rápido que comí, corriendo le llamé y le dije que a las 5, me pasaría por su casa, que le tenía una gran tarde preparada.

El tiempo pasó relativamente rápido, y a las 5 menos algo, no lo recuerdo con exactitud salí de mi casa, paseando por la ciudad hasta llegar a su piso.
Le dí el toque que significaba que bajara, para irnos, y al poco tiempo le vi bajando y abriendo la puerta, iluminandoseme la cara fui hacia el y... le saludé con esa voz cantarina y curiosa que me sale, cuando no puedo contener la alegría.
- ¡Borjaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- grité- ¡hola!- Dándole dos besos y un achuchón.
- Hola África - dijo con su habitual vergüenza, pero con una pequeña sonrisa, que podría calificar de perfecta.

Nos dejamos fundir en aquel abrazo, sonrientes, contentos, y quien sabe lo que cada uno sentiría en ese momento; solo sé, que cada día me abrazaba con más sentimiento, con más fuerza, que cada día nos convertíamos más en una única persona.

La tarde solo acababa de empezar.

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Corazones rotos