sábado, 31 de julio de 2010

8.

El primer día no había ido tan mal, no había conversado con nadie... bueno, hubo una niña que si me habló, solo una.
Llegué a mi casa contenta, no estaba tan mal este colegio, aunque tenga actualmente casi 80 años, las puertas suenen, haya ruidos extraños, estaba bastante bien, con grandes zonas de patio, y mucha gente.

El segundo día, no fue diferente, los profesores se presentaban, preguntaban cosas y tal.
A la hora del recreo, me quedé sola hasta que esa niña del día anterior se acercó a mi, ella me presentó a mucha gente, y me pasé los días con ella, si mandaban trabajos los hacíamos juntas, quedábamos, eramos un poco inseparables, hasta que hice mas hilos con otras chavalas, y ella se apartó del grupo.

Esa niña, fue la que me salvó la vida, aunque nunca conseguí llevarme bien del todo con ella, teníamos diferencias, pero ante todo le debo no haberme metido el batacazo en el cambio de colegios.
Recuerdo que teníamos que hacer andar un objeto, sin tocarlo, pero sin pilas ni circuitos ni nada, y cogimos un globo dos cañitas, y hicimos un globo de esos que vuelan con gente dentro, los pintamos, los decoramos, soplábamos, hinchamos el globo, y ¡volaba!
Esta niña, era nada mas y nada menos que Virginia.



Entonces, empecé a juntarme con otras amigas, y eso fue... la mejor época de mi vida hacíamos vídeos, pases de modelos dormíamos juntas, comíamos juntas, siempre estábamos juntas.
Teníamos un grupo, nos hacíamos llamar TriLiPiBe, las primeras letras de cada nombre, Triana, Lidia, Pilar y Belén.

Fueron quedadas, películas, cumpleaños, noches, tardes, mañanas, fueron tantas cosas las que marcaron esa amistad, tantas peleas que arreglamos, tantos líos amorosos, pero la vida me ha enseñado que el:
¡Amigas para siempre!, no existe.

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Corazones rotos