lunes, 21 de abril de 2014

79.



Soy feliz.

Cuando llega la noche, y me encuentro sola entre las sábanas. Acurrucada entre las mantas que me protegen de cualquier cosa que entre por la puerta, ya me gustaría que también me protegieran de mis propios pensamientos, de mis miedos y temores, incluso de mi misma.
Parece que los cuchillos del ladrón se convierten en puñaladas de mi mente. Mis miedos, o mi miedo, en singular, porque es cierto que ni puedo con las arañas ni con las tormentas pero pensar en lo infinito, en el espacio, en la arbitrariedad, en lo que no depende de mi ni de otras personas, eso realmente me pone de los nervios. Lo reconozco tengo un miedo terrible a la muerte, a que explote la tierra, a que el universo se contraiga. Miedo a lo desconocido. Sabiendo que lo que pase mañana tampoco depende de mi.

Pero en fin, ya lo decía el rey León: "Hakuna Matata", también las abuelas: "Disfruta tu que puedes, niña". No obstante deberíamos decírnoslo a nosotros mismos todas las noches, o todas la mañanas, seamos felices, de la misma manera que finges ante tu ex que no te importa que este con otra, mírate al espejo y enfréntate a tu destino siendo feliz pase lo que pase mañana.

También es verdad que la vida de cada persona es un misterio, y quizás tu compañera de clase, esa loca, de risa escandalosa, con una melena descomunal, una altura que la traslada al margen... quizás esa persona tenga una vida realmente diferente que escapaba a tus ojos. La peor característica humana es lo prejuiciosa que es la especie. Probablemente sea ésta la última piedra que cae en la tumba de más de uno.
Aún así, lo más importante que se puede aprender en el camino de cada uno es desarrollar un exprimidor, ese que deja pasar lo bueno y retiene lo amargo, la pulpa de la sociedad. Y esque consiste en esto la grandeza de una persona, ser paciente, dominar la indiferencia y la ignorancia, construir pilares, con conocimiento de causa y de consecuencia, que te equilibren cuando se desestabilice la balanza, y lo más importante seguir siempre las mijitas de pan que nos ponen delante, nunca parar a que el lobo te muerda el culo, por muy complicada que sea la meta, la logres o no, llega al lugar que te habías propuesto, y si fallas que sean siempre a otros y nunca a ti mismo.

Soy feliz.
Porque quiero e intento pasar siempre por el exprimidor de la gente, elijo bien mis pilares y me caigo, infinidad de veces, pero soy como ese homosexual que se arma de valor y lucha, yo he luchado -mucho- pero no me rindo, resisto, golpeo, gano.

Ganad, porque por la noche las sabanas no os protegerán, pero podréis encarar lo malo.
Sin miedo a los demás, es pura pulpa.
Si queréis, amad.
Si queréis, reíd.
Si queréis, llorad.
Si queréis, podéis ganar.







Ciertas cosas no pueden meditarse, carecen de explicación, de meta, de sentido, pero son las más importantes.


~J.C. Somoza, La dama número trece

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