lunes, 24 de enero de 2011

39.


Despacio, poco a poco… y cómo duelen las cosas cuando no se hacen del tirón...
sin pensar… sin más.
Cómo duele descubrir ilusiones mentirosas disfrazadas de verdades ante tus ojos ciegos.
Cómo duele ver lo comprensible que es tu situación para todo el mundo,y sin embargo sentir que tan sólo es la pena
y la condescendencia lo que les lleva a darte esas palabras.
Cómo duele estar a la víspera del día en que vas a llevar a cabo la decisión más dolorosa de tu vida hasta ahora vivida.
Cómo duele una cuenta atrás.
Cómo duele mirarte en el espejo, intentar sacarte la lengua para animarte,
como te aconsejó alguien una vez, y sentir que ya no sólo el mundo se ríe de ti, sino que ya hasta lo haces tú misma.
Cómo duele saber que estás decepcionando a todos, y que eso te preocupe más antes que la injusticia que estás haciendo contigo misma.
Cómo duele ver la puerta cerrada de una habitación que siempre viste, con tus ojos, luminosa y cálida.
Cómo duele volver a ser invisible.
Cómo duele poner todas las vivencias en una balanza, y descubrir que
lo que pensabas que justificaba una situación era porque tú misma estabas
empujando hacia abajo el mecanismo.
Cómo duele sentir celos, y no tener derecho a tenerlos.
Cómo duelen los pies después de correr tras el tren que ya partió.
Cómo duele ver que te quedas atrás. Cómo duele saber que estabas avisada.
Cómo duele ver que te cuesta volver más de un año atrás y comprender
que vivías sin esta necesidad.
Cómo duele obligarse a no tener esperanzas nunca más.
Cómo duele que te culpen por haberlas tenido sin indicios.
Cómo duele saber que no te has inventado motivos para tenerlas.
Cómo duele recibir de la gente que de verdad te quiere palabras tan duras.
Cómo duele saber que estás a horas de llevarle la contraria
a todos aquellos que te aconsejaron no hacer una cosa y estás a punto de hacerla.
Cómo duele echar un vistazo atrás.
Cómo duele ver que amanece cada día, augurando otro día igual.
Cómo duele estar escribiendo esto y saber que no llegará a ningún puerto.
Cómo duele saber de antemano que no va a luchar por impedir que esto no pase.
Cómo duele ver lo inútil que es abrirse en canal ante un muñeco de madera.
Cómo duele confiar en alguien excepcionalmente,
y saber que todo ha caído en saco roto, si hubo acaso un saco.
Cómo duele que te den de comer cuando tienes sed.
Cómo duele ver que todo empezó por la maldita cobardía.
Cómo duele no querer arrepentirse de nada de lo hecho.
Cómo duele saber que eres una más.
Cómo duele saber que los recuerdos no se repetirán jamás.
Cómo duele ser consciente de que verás a una persona por última vez.
Cómo duele imaginar cosas bonitas. Cómo duele obligarse a no imaginarlas.

Dios, cómo duele.
Perdoname. Si algún día realmente lo haces.
Por no ser capaz estos días de ver las pequeñas cosas que, un día, me daban las sonrisas que ahora me reclamas. Perdoname porque lo pago contigo, no tienes ninguna culpa, con mis silencios y borderías. Por favor, perdoname, porque he sido tan estúpida, y cada día lo he sido más aún, por estar jodidamente ciega. Perdoname si pensaste que no hacía caso de tus palabras, porque ahora las he recapacitado todas de golpe, y el puñetazo de realidad aún me retumba. Perdoname por dedicarle una entrada a este tema. Lo siento... pero mi impotencia ya no sólo me ahoga entre lloros, sino que no hago nada a derechas sin dejar de pensar ni un instante en esto, que ya se me va de las manos.
Cómo duele releer todo lo escrito y saber que posiblemente nunca lo leerá el sueño que lo inspiró.
No le culpo. La ignorancia es la felicidad. Ojalá algún día yo sea capaz de estar tan ausente de lo que me rodea.
Me evitaría seguramente más de un disgusto.
Aunque dudo que ese día llegue.

Qué le voy a hacer... yo no soy así.

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