lunes, 20 de septiembre de 2010

12.

He brincado gigantescos ruidos tristes, llorado humos más espesos que nubes, sorteado horizontes más nebulosos que la oscuridad, para llegar aquí, para estrellarme, adrede quizá, o sin saberlo, con la brisa del océano que despeja los mensajes de amor.


No voy a pedir disculpas por lo horrible, el mundo es asqueroso a veces y no siempre es nuestra culpa, pero no por eso dejará de ser asqueroso.


Y ahora bajas de las nubes, para anclarte en los mismos ojos, la misma naturalidad, la misma risa que inevitablemente, hace suicidarse a mis latidos..






Siempre hay una explicación para cualquier crueldad,aunque a veces se te olvide cuando se viene la noche, no hay cuentos novedosos que te puedan rescatar.

Inevitablemente, me llego a considerar una persona un pelín, enamoradiza.
Y es algo que por mas que uno/a quiere no se puede, remediar, llegas cada mañana y lo primero que buscas son sus ojos, buscar esos ojos entre la multitud de la rutina, los nervios te poseen, pero cuando te encuentras en sus ojos, cuando él te mira, comienzas a ser libre, sin nervios, te hayas en un momento del que no quieres salir, estas tan cómoda.
Cuando te mira con decisión, y se va acercando poco a poco... ya están otra vez ahí los nervios, pero vuelven a ser pasajeros. Cuando te habla, estas en otro sitio, piensas: QUE ALGUIEN ME PELLIZQUE!
Como de las miles de personas que hay aquí, va hacia mí, y luego seguramente, solo seas una entre mil para él, aunque para ti, él sea mucho más que miles juntos.

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Corazones rotos